La degradación de la biodiversidad está evolucionando hacia un riesgo sistémico para la economía global y la estabilidad financiera, según un informe de alcance histórico difundido ayer, que exhorta a las empresas a tomar medidas urgentes o enfrentar consecuencias que amenacen su propia supervivencia.
El documento advierte que, de acuerdo con los datos más recientes, los países canalizan cada año alrededor de 7.3 billones de dólares, tanto de recursos públicos como privados, a actividades que resultan nocivas para la naturaleza.
Se prevé que la evaluación de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES), elaborada durante tres años y respaldada por más de 150 gobiernos, funcione como una referencia clave para el diseño de políticas públicas en diversos sectores.
El informe, preparado por 79 especialistas de distintas regiones del mundo, identifica como principales frenos al avance los incentivos “inadecuados o perversos”, la debilidad del respaldo institucional y la limitada aplicación de las regulaciones, además de “significativas” carencias en la información disponible.
El análisis se apoya en el compromiso asumido en 2024 por los países de proteger 30 por ciento de las superficies terrestres y marinas para 2030, así como de destinar 200 mil millones de dólares a ese objetivo, una cantidad que queda muy por debajo de los recursos que actualmente se emplean en actividades perjudiciales para los ecosistemas.
De acuerdo con los autores —quienes citan cifras de 2023—, resulta urgente que las empresas incorporen metas ambiciosas en sus estrategias corporativas, fortalezcan los sistemas de auditoría, monitoreo y evaluación del desempeño, y apuesten por la innovación en productos, procesos y servicios.
El informe también señala que menos de uno por ciento de las compañías que cotizan en bolsa hacen público su impacto sobre la biodiversidad.
Paul Polman, exdirector ejecutivo de la empresa de bienes de consumo Unilever, reconoció que la estrategia empresarial suele centrarse en la gestión de riesgos y el fortalecimiento de la resiliencia, pero admitió que la naturaleza “casi nunca ha sido parte de esa ecuación”.
“La evaluación del IPBES demuestra que este punto ciego se está transformando en uno de los riesgos económicos más determinantes de nuestra era”, enfatizó.

