En Gaza, miles de niños palestinos acuden a clases exponiéndose al riesgo de ser alcanzados por disparos de francotiradores israelíes. Las lecciones se imparten en escuelas improvisadas dentro de tiendas de campaña, ubicadas en áreas cercanas a posiciones militares israelíes, en una franja señalada por Tel Aviv como “zona amarilla”, una de las más peligrosas del enclave.
Tulin, una niña de siete años, se prepara para regresar a la escuela por primera vez en dos años. En circunstancias normales sería un momento de entusiasmo, pero para ella y su madre representa una experiencia marcada por el miedo. La ofensiva israelí destruyó gran parte de la infraestructura educativa de Gaza, obligando a las familias a habilitar espacios de enseñanza en zonas expuestas al fuego.
“Cada vez que mi hija va a la escuela siento una angustia constante”, relató su madre. “Muchas veces camino detrás de ella hasta que entra al aula. Tengo temor de que algo ocurra, pero también quiero que pueda aprender”.
La propia Tulin describe su miedo a los espacios abiertos. “Cuando voy a la escuela me asustan los disparos. No hay muros para protegernos de las balas ni de los bombardeos”, explica.
Las tiendas donde se dictan las clases no ofrecen protección real. Las paredes de lona no detienen proyectiles, y aun así los estudiantes se sientan en el suelo con la intención de continuar aprendiendo. “Cuando comienzan los tiroteos les decimos a los niños que se tiren al piso y permanezcan quietos”, cuenta una maestra. “Rezamos para que nadie resulte herido y esperamos a que termine todo”.
Mientras tanto, los ataques israelíes continuaron en el sur de la Franja. En Jan Yunis, al menos un palestino murió pese al alto el fuego vigente entre Israel y Hamas desde octubre, tras un acuerdo impulsado por Estados Unidos.
Las autoridades locales informaron que el número total de víctimas mortales en Gaza asciende a más de 71 mil, con más de 170 mil personas heridas desde el inicio de la ofensiva posterior a los ataques del 7 de octubre de 2023. Durante la tregua, se contabilizan al menos 422 fallecidos, y miles de personas siguen desaparecidas bajo los escombros.
En paralelo, organizaciones de prensa denunciaron la prolongación del veto israelí a la entrada de periodistas a Gaza, señalando que vulnera la libertad de expresión, incluso bajo el argumento de riesgos de seguridad.
En Cisjordania, varias personas murieron durante operativos militares israelíes, y se reportaron enfrentamientos en universidades y zonas urbanas. A su vez, Israel anunció nuevas medidas de vigilancia, como el uso de pulseras electrónicas, para contener la violencia entre colonos israelíes y población palestina.
La región continúa marcada por una fuerte inestabilidad, mientras la población civil —incluidos los niños— intenta mantener una vida cotidiana bajo constantes amenazas.

