Economía

Analistas advierten que la recuperación petrolera de Venezuela exige estabilidad y un horizonte de largo plazo

El plan del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de asumir el control de la industria petrolera venezolana y convocar a empresas estadunidenses para su reactivación, tras la captura del presidente Nicolás Maduro, difícilmente tendrá un impacto inmediato relevante en los precios internacionales del petróleo, coinciden analistas del sector energético.

La industria petrolera de Venezuela enfrenta años de deterioro estructural, producto del abandono, la corrupción y las sanciones internacionales, por lo que su recuperación requerirá tiempo, estabilidad política y fuertes inversiones. Si bien algunos especialistas consideran posible que el país duplique o incluso triplique su producción actual, cercana a 1.1 millones de barriles diarios, ese escenario no se materializaría en el corto plazo.

“Aunque no hay reportes de daños directos por las acciones militares, la infraestructura petrolera venezolana lleva muchos años en deterioro, y su reconstrucción no será rápida”, señaló Patrick De Haan, analista principal del mercado petrolero en GasBuddy.

Los expertos coinciden en que ninguna petrolera internacional realizará inversiones de gran escala sin un entorno político predecible, garantías contractuales claras y un marco regulatorio estable.

En ese sentido, Phil Flynn, analista senior de Price Futures Group, explicó que si Venezuela logra restablecerse como productor relevante, ello podría presionar los precios del crudo a la baja en el largo plazo y reducir la influencia de Rusia en el mercado energético global.

Por ahora, el impacto en los mercados ha sido limitado. El crudo estadunidense bajó 0.44 %, a 57.07 dólares por barril, en la sesión del domingo por la noche. Analistas subrayan que Venezuela es miembro de la OPEP, por lo que su producción ya está considerada en los balances globales, además de que el mercado enfrenta actualmente un excedente de oferta.

Reservas abundantes, producción limitada

Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, estimadas en 303 mil millones de barriles, equivalentes a cerca de 17 % del total global, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos. Este potencial explica el interés de las grandes petroleras internacionales, aunque el contexto político sigue siendo el principal obstáculo.

Exxon Mobil declinó hacer comentarios, mientras que ConocoPhillips informó que monitorea los acontecimientos, aunque consideró prematuro especular sobre futuras inversiones. Chevron, en contraste, mantiene operaciones relevantes en el país y produce alrededor de 250 mil barriles diarios, mediante empresas conjuntas con Petróleos de Venezuela (PDVSA).

La compañía aseguró que sus operaciones continúan en cumplimiento de la legislación vigente, priorizando la seguridad de su personal y de sus activos.

A pesar de sus vastas reservas, Venezuela aporta hoy menos de 1 % del suministro mundial de crudo, muy por debajo de los 3.5 millones de barriles diarios que producía a finales de la década de 1990. La nacionalización del sector en 2007, impulsada por el entonces presidente Hugo Chávez, provocó la salida de empresas clave y minó la confianza de los inversionistas.

“El problema no es la falta de petróleo, sino la falta de condiciones políticas y contractuales confiables”, explicó Francisco Monaldi, director del programa de energía latinoamericana de la Universidad Rice. Según sus estimaciones, elevar la producción de un millón a cuatro millones de barriles diarios requeriría al menos una década y cerca de 100 mil millones de dólares en inversión.

Crudo pesado y demanda estratégica

Venezuela produce crudo pesado, indispensable para la elaboración de diésel, asfalto y combustibles industriales. Este tipo de petróleo es escaso en el mercado internacional, particularmente tras las sanciones impuestas a Venezuela y Rusia, y no puede ser sustituido fácilmente por el crudo ligero estadunidense.

Las refinerías de la Costa del Golfo de Estados Unidos fueron diseñadas para procesar crudos pesados, por lo que un mayor acceso al petróleo venezolano mejoraría su eficiencia operativa y reduciría costos.

Además, una recuperación sostenida de la producción venezolana podría reconfigurar los flujos globales de diésel, permitiendo que Europa y otros mercados reduzcan su dependencia del suministro ruso.

No obstante, los analistas coinciden en que sin estabilidad política y certidumbre jurídica, el potencial energético de Venezuela seguirá siendo, por ahora, una promesa de largo plazo.

Team Voz Nacional

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