En Canadá abundan más las pistas de hielo que las canchas de futbol. En casi cada localidad existe al menos una figura que logrĂł llegar a la NHL, considerada por los aficionados como el templo supremo del hockey. En bares y restaurantes, las pantallas rara vez transmiten partidos de la MLS o debates sobre la Copa Mundial de 2026; lo habitual es encontrar análisis del Toronto Maple Leafs, el equipo con mayor arraigo entre la aficiĂłn canadiense. El futbol —todavĂa llamado soccer— ocupa un lugar secundario: participa en la conversaciĂłn, pero sin protagonismo. Incluso a medida que se acerca el Mundial, del cual el paĂs será anfitriĂłn de 13 encuentros —seis en Toronto y siete en Vancouver—, el ambiente permanece distante.
Un estudio reciente de la firma de análisis Leger indica que sólo 28 por ciento de la población canadiense planea seguir el torneo, una cifra muy por debajo del interés registrado en México, donde alcanza 78 por ciento. En Toronto, la discusión pública no gira en torno al desempeño de la selección nacional, sino al costo del evento: 380 millones de dólares canadienses, 80 millones más de lo presupuestado en 2022. La preocupación ciudadana se centra en el gasto en seguridad, la inflación persistente y el aumento histórico en los precios de la vivienda. Montreal, por ejemplo, retiró su candidatura como sede hace cinco años, luego de que el gobierno de Quebec rechazó respaldar financieramente el proyecto.
Un deporte para convivir, no para competir
“En los espacios donde se concentra la fuerza laboral —talleres, hoteles, restaurantes o carpinterĂas— la palabra dominante es hockey. El soccer no despierta la misma emociĂłn; es más bien una actividad recreativa para niños”, explica desde Windsor, Ontario, Adrián Sierra de Anda, ex editor mexicano y colaborador de La Jornada. “Muchos jĂłvenes no practican ningĂşn deporte de forma competitiva. Aunque tengan condiciones, suelen inclinarse por el hockey, el basquetbol o el beisbol. Es una cuestiĂłn cultural. El aficionado prefiere ver a Italia, Portugal o Brasil, o incluso portar la camiseta del Inter Miami, aunque desconozca la trayectoria completa de Lionel Messi”.
Mientras la FIFA presume cifras histĂłricas en solicitudes de boletos a nivel mundial, en Canadá el entusiasmo es limitado. Un sondeo del Angus Reid Institute revela que 52 por ciento de los canadienses venderĂa sus entradas para el Mundial si las obtuviera gratuitamente. “Nadie espera que dejemos de ver los playoffs de la Stanley Cup por un partido entre Qatar y Suiza”, comentan seguidores de la NHL en redes sociales, en referencia a que las finales del hockey coincidirán casi en fechas con el arranque del Mundial, programado del 11 de junio al 19 de julio.
“A diferencia de paĂses como Brasil, Alemania o Argentina, Canadá no ha construido un sistema enfocado en ganar un Mundial de futbol; toda esa energĂa se concentra en el hockey”, añade Sierra, quien tambiĂ©n colabora como asistente tĂ©cnico en categorĂas infantiles. “Eso se refleja en los noticieros deportivos: un partido de la selecciĂłn puede recibir tres minutos de cobertura, mientras que la NHL ocupa bloques de hasta 20 minutos. En las tiendas ocurre lo mismo: hay una enorme variedad de patines de hockey, pero en el área de soccer apenas encuentras dos modelos de zapatos. Son los mismos que usan los equipos Sub-11 o Sub-13”.
Canadá será sede de partidos en dos estadios: el BMO Field de Toronto y el BC Place de Vancouver. Además de los encuentros de la fase de grupos de la selecciĂłn local, ambos recintos albergarán partidos de selecciones como Alemania y BĂ©lgica, asĂ como tres duelos de eliminaciĂłn directa. Las remodelaciones buscan cumplir con la exigencia de FIFA de una capacidad mĂnima de 45 mil espectadores —el BMO Field actualmente tiene poco más de 28 mil— y la instalaciĂłn de cĂ©sped de alto estándar. Especialistas estiman que el impacto econĂłmico del Mundial en el paĂs podrĂa alcanzar los 3 mil 800 millones de dĂłlares.
“El problema de fondo es la infraestructura”, explica Sierra, padre de Samuel, un joven de 16 años que aspira a convertirse en futbolista profesional. “En lugares como Newfoundland, la nieve puede superar los dos metros. En invierno todo se vuelve complicado. Mi hijo ha jugado a ocho grados bajo cero, pero exponer a niños de 10 u 11 años a esas condiciones no es viable. Construir canchas techadas implica inversiones enormes. Ya es difĂcil levantar una cancha normal; un domo eleva el costo de forma exponencial”.
Canadá disputĂł su primer Mundial en MĂ©xico 1986, donde perdiĂł sus tres partidos ante la UniĂłn SoviĂ©tica, Francia y HungrĂa. Treinta y seis años despuĂ©s, regresĂł a la Copa como lĂder de la eliminatoria, por encima de MĂ©xico y Estados Unidos. Aunque la liga canadiense, creada en 2019, aĂşn no figura entre las más competitivas, muchos futbolistas han emigrado a clubes de Europa o de Estados Unidos, donde Montreal, Vancouver y Toronto tienen presencia destacada.
“La gente asistirá al Mundial, pero más por curiosidad que por pasiĂłn”, concluye Sierra. “Es como si MĂ©xico organizara un Mundial de curling: el interĂ©s serĂa pasajero, no cultural”.

