En el Mall de los Emiratos en Dubái, las boutiques de alta gama se agrupan casi de manera homogénea, pero un mes de conflicto en Medio Oriente ha transformado su ambiente. Los pasillos, que normalmente resuenan con risas y pasos apresurados, ahora son testigos de un silencio inquietante, con vendedores que ven transcurrir las horas sin la compañía de clientes.
Una de las pocas compradoras en el centro comercial, que prefiere no revelar su nombre, expresa sin titubear: “No es momento de venir a Dubái. Es peligroso, estamos en guerra”. Con su abaya y niqab oscuros, y un bolso Hermès en el brazo, subraya que su situación es diferente; “yo soy de aquí; si muero, muero con mi familia”.
Los trabajadores de las tiendas, vestidos de manera formal, tienen instrucciones de no comentar, pero unos pocos comparten su percepción sobre la situación. “Claro que hay menos clientes. Lo notamos más con los turistas; los locales siguen viniendo. Afortunadamente, contamos con buena clientela local, aquí nadie está en pánico”, explica uno de ellos.
El prestigio de Dubái como un refugio seguro para expatriados adinerados y paraíso de las compras se ha visto seriamente comprometido. El inicio del conflicto, con ataques de misiles y drones iraníes a lugares emblemáticos, hizo que muchos turistas abandonaran la ciudad rápidamente.
Analistas de la consultora Bernstein advierten que entre el 6% y el 8% de los ingresos globales de marcas de lujo, como Louis Vuitton y Dior, provienen de Medio Oriente. Las proyecciones son alarmantes: se espera que las ventas de artículos de lujo en marzo puedan caer a la mitad en esta región, debido a la drástica disminución del turismo.
La situación en Dubái se asemeja a la vivida durante la pandemia de COVID-19. La afluencia de visitantes ha caído drásticamente y varias marcas han redistribuido a sus empleados a funciones de ventas en línea. Esta estrategia ha demostrado ser efectiva en un área que todavía cuenta con un gran número de consumidores adinerados en busca de actividades.
Por otro lado, el promotor inmobiliario Emaar ha instaurado políticas para evitar que las boutiques cierren o reduzcan sus horarios, buscando proteger la reputación del emirato. Sin embargo, múltiples fuentes indican que las tasas de clientela se han “desplomado”.
En el voluminoso Dubai Mall, que alberga más de 1,200 tiendas y recibe anualmente más de 110 millones de visitantes, también se ha notado la escasez de turistas. El lugar, famoso por sus impresionantes cascadas y un acuario gigante, ahora sólo ve a los habituales.
Los expertos del sector señalan que, en el peor de los escenarios, si el conflicto persiste con ataques esporádicos en el Golfo, el atractivo de Dubái para el turismo de lujo podría sufrir un daño duradero. Mientras tanto, en la famosa pista de ski artificial del Mall de los Emiratos, los empleados esperan el retorno de los visitantes, observando como los teleféricos funcionan casi vacíos y la atmósfera se torna cada vez más desoladora.
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