El grupo automotor Stellantis informó este viernes que sus resultados de 2025 se verán afectados por un impacto extraordinario de 22.000 millones de euros (alrededor de 26.000 millones de dólares), consecuencia de un menor dinamismo en la venta de vehículos eléctricos.
El anuncio del conglomerado, dueño de marcas como Jeep, Fiat y Citroën, se suma a las señales que evidencian los retos que enfrentan los fabricantes tradicionales para adaptarse a la transición desde los motores de combustión hacia la movilidad eléctrica.
Del total de los costos extraordinarios, 14.700 millones de euros corresponden principalmente a una reconfiguración del portafolio de productos en Estados Unidos, donde el mercado de vehículos eléctricos ha mostrado un freno, en parte por un entorno regulatorio menos exigente.
“Se trata de un costo significativo asociado a un reajuste estratégico de la compañía”, explicó Antonio Filosa, recientemente nombrado director general de Stellantis, en declaraciones a la prensa.
El ejecutivo precisó que “el 75 % de estos costos están ligados a supuestos estratégicos que debemos corregir, especialmente por haber sido demasiado optimistas respecto a la velocidad de adopción de la electrificación, sobre todo en Norteamérica, aunque también en Europa”.
El anuncio tuvo un efecto inmediato en los mercados financieros. Las acciones del grupo italo-franco-estadounidense se desplomaron cerca de 27 % en la Bolsa de París hacia las 14:00 hora local, cotizando por debajo de los seis euros. En el último año, el valor bursátil de la compañía se ha reducido a la mitad.
Stellantis, el quinto mayor fabricante de automóviles del mundo, ya había registrado en 2024 una caída del 70 % en su beneficio neto y un descenso del 17 % en las ventas. Además, en el primer semestre de 2025 reportó pérdidas netas por 2.300 millones de euros.
La empresa indicó a analistas que estos costos extraordinarios llevarán inevitablemente a resultados negativos en el balance anual de 2025 y que no se repartirán dividendos.
La decisión de Stellantis va en línea con medidas recientes anunciadas por General Motors y Ford, que también han ajustado sus planes de electrificación tras revisar sus expectativas de mercado.
En Estados Unidos, el avance de los vehículos eléctricos se ha visto afectado por las políticas de la administración de Donald Trump, que flexibilizó las normas sobre emisiones contaminantes y eliminó los subsidios federales para la compra de este tipo de automóviles.

