El panorama del delito ha evolucionado con la digitalización. Hoy, el crimen ya no se lleva a cabo con violencia física, sino a través de correos electrónicos bien elaborados, enlaces que parecen confiables y contratos firmados con un simple clic. Los delincuentes virtuales, armados con la habilidad de ganarse la confianza de una sola persona, pueden desencadenar desfalcos millonarios sin necesidad de recurrir a la fuerza.
Diversos estudios revelan que los ciberataques y el fraude han dejado de ser una anomalía en Latinoamérica, incluyendo México. La rápida adopción de plataformas digitales y pagos electrónicos ha expuesto a la región a un entorno criminal que avanza a la par de la tecnología.
Un informe de Docusing y Onfido destaca que más del 50% de las empresas en México han notado un aumento en los fraudes de identidad, generando pérdidas que pueden alcanzar millones de dólares.
La inteligencia artificial (IA) ha sido adoptada en múltiples industrias, facilitando tareas automatizadas. Sin embargo, también ha empoderado a los ciberdelincuentes. Esta tecnología permite crear identidades falsas con un nivel de sofisticación que hace incluso unos años resultaba impensable. Los ataques ahora buscan suplantar identidades, engañando a las víctimas para que entreguen su información de manera involuntaria.
El informe “Ciberseguridad, habilitador de confianza y estabilidad”, elaborado por Incode y Endeavor, destaca que en 2025, las organizaciones en Latinoamérica enfrentarán, en promedio, 2,803 intentos de ataque a la semana. Esto contrasta con el promedio global de 1,984 ataques.
La realidad es que, aunque el 65% de las organizaciones en la región se sienten preparadas para enfrentar las amenazas cibernéticas, únicamente el 17% realiza evaluaciones continuas. El 10% de las empresas nunca ha llevado a cabo una evaluación formal de su ciberseguridad.
La mayoría de los ataques se enfocan en comprometer contraseñas, pero un notable 40% de las organizaciones mexicanas aún depende exclusivamente de métodos tradicionales de autenticación.
Los ataques y estafas en línea pueden causar pérdidas significativas a las empresas, estimadas en hasta 50 millones de dólares anuales. A estos costos se suman los efectos negativos sobre su reputación y las implicaciones legales que podrían enfrentar.
Norbert Otten, director senior de soluciones de Docusing en Latinoamérica, enfatiza la importancia de considerar la seguridad cibernética como un ecosistema. La tecnología es un pilar esencial, pero se necesita complementar con buenas prácticas organizacionales y la formación continua de los usuarios.
El informe de Incode y Endeavor concluye que el reto de la ciberseguridad en México y Latinoamérica no se limita a la implementación de nuevas tecnologías. También es crucial articular estrategias de inversión adecuadas. Sin ello, la región podría ver un freno en su competitividad digital, limitando su potencial en un ecosistema económico que cada vez depende más de la confianza en entornos digitales.
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